El economista y académico Jeffrey Sachs profundizó sus
cuestionamientos a la política exterior de Estados Unidos frente a Irán y
planteó un diagnóstico mucho más severo que el habitual en el debate
internacional: sostiene que la guerra no responde a una necesidad defensiva,
sino que forma parte de una estrategia deliberada de poder que podría derivar
en un conflicto global de gran escala.
En su análisis, Sachs afirma que la ofensiva impulsada por Estados
Unidos, en coordinación con Israel, constituye directamente una violación
de la Carta de las Naciones Unidas, al no encuadrarse en un
esquema legítimo de defensa propia ni contar con autorización del sistema
internacional. Desde esta perspectiva, no se trata de una intervención
discutible, sino de una “guerra de agresión”, concepto que en el derecho
internacional implica una de las formas más graves de ilegalidad entre Estados.
El economista también cuestiona con dureza la narrativa oficial
sobre el origen del conflicto. Según sostiene, la crisis actual no puede entenderse
sin retroceder a la ruptura del acuerdo nuclear firmado en 2015 entre Irán y
las principales potencias mundiales. Sachs recuerda que ese pacto había sido
avalado por el Consejo de Seguridad de la ONU y establecía mecanismos de
control sobre el programa nuclear iraní. Sin embargo, la decisión unilateral de
Estados Unidos de retirarse del acuerdo en 2018 habría reactivado el ciclo de
tensiones.
A partir de ese punto, describe una secuencia que, a su entender,
fue escalando de manera previsible: sanciones económicas, presión diplomática, operaciones encubiertas
y finalmente acciones militares, en un esquema que define como
“guerra híbrida”. En este marco, sostiene que las instancias de negociación que
se presentaron posteriormente no fueron genuinas, sino herramientas dentro de
una estrategia más amplia de coerción.
Uno de los ejes más controvertidos de su planteo es la
interpretación geopolítica del conflicto. Sachs asegura que el objetivo real de
la ofensiva no es únicamente el programa nuclear iraní, sino la
consolidación de una arquitectura de poder en Medio Oriente,
con Estados Unidos buscando reafirmar su influencia global y con Israel
intentando fortalecer su posición regional. Esta lectura desplaza el foco desde
la seguridad inmediata hacia una lógica de disputa por hegemonía.
El economista también advierte sobre las consecuencias de esta
política. Señala que el conflicto ya no puede ser considerado como un
enfrentamiento localizado, sino como una crisis con capacidad de expansión. En
ese sentido, alerta que un choque directo con Irán podría convertirse en uno de los
escenarios bélicos más peligrosos del mundo, por la
participación indirecta de múltiples actores y el riesgo de escalada hacia
enfrentamientos de mayor magnitud.
Además, introduce un factor clave: el impacto económico global.
Sachs pone el foco en el Estrecho de Ormuz, una de las rutas energéticas más
importantes del planeta, por donde circula una parte significativa del petróleo
y del gas natural licuado. Un eventual cierre o interrupción en esa zona podría
generar una
crisis energética internacional, con efectos directos sobre
precios, abastecimiento y estabilidad económica global.
Más allá del conflicto puntual, el académico amplía su crítica al
funcionamiento del sistema político estadounidense. Sostiene que este tipo de
intervenciones reflejan una tendencia más profunda, donde se debilitan los
mecanismos institucionales y se normalizan decisiones militares sin control
democrático pleno. En ese marco, advierte sobre una erosión del
orden internacional basado en reglas, lo que podría abrir una
etapa de mayor inestabilidad global.
Sin embargo, su postura también genera controversias. Si bien su
reconstrucción del proceso destaca la responsabilidad de Estados Unidos en la
ruptura de acuerdos y en la escalada del conflicto, algunos analistas señalan
que su enfoque tiende a minimizar el rol de otros actores, incluyendo las
decisiones adoptadas por Irán en los últimos años.
Aun así, la posición de Sachs se consolida como una de las
críticas más duras dentro del ámbito académico internacional, al plantear que
la guerra no es un error de cálculo, sino el resultado de una estrategia
consciente que pone en riesgo no solo a Medio Oriente, sino al equilibrio
global.








