El centro clandestino de detención conocido como “La Polaca”
operó durante la última dictadura militar en una estancia ubicada en las
afueras de Paso de los Libres, en una zona estratégica cercana al puente
internacional que conecta con Uruguayana, Brasil. Su localización fue clave: se
trataba de un punto de control fronterizo utilizado para interceptar,
detener y trasladar personas fuera de todo marco legal.
De acuerdo a reconstrucciones históricas y testimonios judiciales,
el lugar funcionó desde 1976 bajo la órbita de estructuras del Ejército
Argentino, con participación de áreas de inteligencia. Allí se desplegó un
sistema clandestino de represión donde las víctimas eran secuestradas,
encapuchadas, mantenidas atadas y sometidas a torturas sistemáticas,
incluyendo picana eléctrica y otros métodos de tormento físico y psicológico.
Se estima que por “La Polaca” habrían pasado entre 200 y
300 detenidos, en su mayoría militantes políticos, sindicales y
sociales, muchos de ellos vinculados a la contraofensiva de organizaciones
armadas a fines de los años 70. También hubo casos de personas detenidas en la
frontera o incluso trasladadas desde Brasil en operativos ilegales.
Uno de los mecanismos más graves documentados fue el uso de “marcadores”:
detenidos que, bajo tortura, eran obligados a identificar a otros militantes en
controles fronterizos, ampliando la red de persecución. Este procedimiento evidencia
el nivel de organización del aparato represivo en la región.
Testimonios de sobrevivientes describen escenas de extrema
violencia. Se registraron casos de personas mantenidas durante días en
condiciones inhumanas, sin alimentación adecuada, sometidas a interrogatorios
constantes y castigos físicos prolongados. En muchos casos, las víctimas fueron
liberadas tras los interrogatorios, pero en otros permanecen desaparecidas
hasta la actualidad.
El funcionamiento de “La Polaca” estuvo vinculado al Plan Cóndor,
el sistema de coordinación represiva entre las dictaduras del Cono Sur, lo que
permitió el intercambio de información, la persecución transnacional y el
traslado ilegal de detenidos entre países.
Durante años, la existencia de este centro clandestino permaneció
invisibilizada, sin reconocimiento oficial ni señalización. Recién con el
avance de las investigaciones judiciales en democracia, especialmente desde los
años 2000, se lograron procesamientos de militares por privación
ilegal de la libertad, torturas y asociación ilícita,
confirmando el rol del lugar dentro del terrorismo de Estado.
En Paso de los Libres, “La Polaca” fue durante mucho tiempo un secreto a
voces, conocido por sectores de la comunidad pero sin
visibilidad pública. La reconstrucción de su historia permitió dimensionar cómo
la represión no se limitó a grandes ciudades, sino que también se desplegó con
intensidad en zonas
rurales y de frontera, donde el control territorial facilitaba
el accionar clandestino.
Hoy, el caso representa una pieza clave para comprender el alcance
del sistema represivo en el nordeste argentino y la necesidad de fortalecer las
políticas de memoria,
verdad y justicia en el interior del país.









