El Gobierno de China lanzó una fuerte advertencia sobre el rumbo
del conflicto en Medio Oriente y alertó que la escalada militar podría derivar
en una situación “imposible de salir”, en medio de la creciente
tensión entre Estados Unidos, Israel e Irán.
La reacción de Pekín se produce luego de que el presidente
estadounidense, Donald Trump, diera un ultimátum de 48 horas a Irán para reabrir el estrecho de
Ormuz, bajo amenaza de atacar instalaciones energéticas del
país persa.
El portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores chino, Lin
Jian, expresó su preocupación por el avance del conflicto y fue contundente: “Si los
combates continúan intensificándose, toda la región caerá en una situación de
la que será imposible salir”.
En la misma línea, advirtió que “la fuerza solo conducirá a un
círculo vicioso”, marcando la postura de China en contra de una
salida militar al conflicto.
Desde la Cancillería china insistieron en la necesidad de detener de
inmediato las operaciones militares y retomar el diálogo,
subrayando que la guerra no debería continuar. El mensaje apunta tanto a
Washington como a sus aliados y a Teherán, en un intento de evitar una escalada
mayor en una zona estratégica para la economía global.
El estrecho de Ormuz, punto clave para el comercio mundial de
petróleo, se convirtió en el eje de la tensión. Cualquier interrupción en ese
corredor impacta directamente en los precios internacionales de la energía,
lo que eleva la preocupación a nivel global.
En paralelo, desde Irán también se mencionó el posible rol de
China como mediador. El canciller iraní, Abbas Araghchi, señaló que el gigante
asiático podría contribuir a una salida diplomática, recordando
su intervención previa en el acercamiento entre Irán y Arabia Saudita.
En este contexto, China vuelve a posicionarse como un actor que
busca equilibrar
el conflicto mediante la negociación, mientras crece el riesgo
de una confrontación más amplia con consecuencias imprevisibles para la región
y el mundo.








