A 209 años del
Cruce de los Andes, vuelve a destacarse uno de los aspectos menos visibles de
la gesta encabezada por el General José de San Martín: la enorme
organización logística necesaria para trasladar un ejército completo a través
de la cordillera en 1817.
La operación
comenzó a mediados de enero de ese año desde Mendoza y fue el resultado de casi
2 años de planificación, reconocimiento del terreno, acumulación de recursos y
organización de distintas columnas.
El objetivo era
atravesar la cordillera por varios pasos al mismo tiempo, sostener a miles de
hombres durante la marcha y transportar armamento, municiones, alimentos y
animales en condiciones extremas.
Más de
10.000 mulas y 1.600 caballos
El Ejército de los
Andes reunió alrededor de 4.000 soldados, cerca de 1.200 milicianos
destinados principalmente al traslado de víveres y municiones, además de
personal encargado de abrir caminos en los sectores más difíciles.
Para movilizar a
toda la fuerza se utilizaron más de 10.000 mulas y 1.600 caballos, lo
que permitió que la mayor parte del personal avanzara montado.
También debieron
trasladarse 22 piezas de artillería, fusiles, sables, municiones y miles de
proyectiles, en senderos de montaña donde muchas veces solo era posible
avanzar en fila.
Provisiones
para miles de hombres
La alimentación fue
uno de los principales desafíos de la operación.
Se calcularon
provisiones para unos 5.000 hombres durante aproximadamente 15 días,
incluyendo charqui, galletas, harina de maíz, quesos y varios cientos de reses
en pie que se faenaban durante el recorrido.
Uno de los alimentos
más utilizados era el valdiviano, preparado con charqui machacado, grasa
y agua caliente.
También se
organizaron depósitos adelantados de alimentos y forraje para sostener a los
hombres y a los animales sin depender exclusivamente de las cargas que llevaba
cada columna.
Seis
columnas para cruzar la cordillera
San Martín resolvió
dividir el ejército en 6 columnas, que atravesaron distintos pasos de la
cordillera.
Las 2 principales
avanzaron por Los Patos y Uspallata, mientras que otras columnas
realizaron maniobras de distracción para obligar a las fuerzas realistas a
dispersarse.
Esta estrategia
permitió reducir riesgos, evitar la concentración del enemigo y distribuir
mejor el enorme volumen de hombres, animales y suministros.
El costo
del cruce
Las condiciones
fueron extremadamente duras.
El frío, la altura,
la falta de oxígeno, la escasez de agua y alimento para los animales y la
dificultad de los caminos provocaron importantes pérdidas de caballos y mulas
durante el trayecto.
La planificación,
sin embargo, había contemplado márgenes de pérdida, reorganización de columnas
y reservas de provisiones para sostener la operación ante situaciones
imprevistas.
Una hazaña
también logística
Más de 2 siglos
después, el Cruce de los Andes continúa siendo recordado no solo como una de
las grandes operaciones militares de la independencia sudamericana, sino
también como un extraordinario ejemplo de planificación logística en
condiciones extremas.
San Martín logró
coordinar hombres, animales, armas, alimentos y rutas sobre un territorio
prácticamente sin infraestructura y con un margen mínimo para los errores.
La magnitud de
aquella organización explica por qué el Cruce de los Andes sigue siendo
considerado una de las mayores hazañas de la historia argentina y americana.








