El Estrecho de Ormuz, uno de los corredores marítimos
más importantes del planeta para el transporte de energía, se encuentra en el
centro de la preocupación económica mundial ante la posibilidad de que continúe
bloqueado o con navegación restringida por la escalada del conflicto en Medio
Oriente.
Por ese estrecho, ubicado entre Irán y Omán,
circula aproximadamente entre el 20 % y el 25 % del petróleo que se consume en el mundo,
además de una parte significativa del gas natural licuado que exporta Qatar.
Analistas energéticos advierten que si la interrupción del
tránsito se prolonga, los precios internacionales del petróleo podrían dispararse,
superando incluso los 100 o 120 dólares por barril, lo que tendría un
efecto inmediato en el costo del combustible, el transporte y la producción
industrial.
Una suba fuerte del petróleo generaría presión
inflacionaria global, ya que la energía es un insumo clave en
casi toda la cadena productiva, desde el transporte de mercaderías hasta la
elaboración de alimentos.
Los países más expuestos a esta situación serían China, India,
Japón y Corea del Sur, que dependen en gran medida del petróleo
proveniente del Golfo Pérsico. También Europa podría enfrentar tensiones energéticas si
se reducen los suministros de hidrocarburos de esa región.
El impacto también alcanzaría al comercio internacional,
ya que el aumento del riesgo en la zona elevaría el costo de los seguros
marítimos y obligaría a muchas compañías navieras a modificar sus rutas.
En paralelo, los mercados financieros suelen reaccionar con fuerte
volatilidad ante crisis energéticas, lo que podría provocar caídas en
bolsas internacionales y movimientos bruscos en las monedas.
Si el bloqueo se prolonga durante meses, algunos economistas
advierten que el mundo podría enfrentar una desaceleración económica o incluso un escenario de recesión
global, similar a las crisis energéticas registradas en la
década de 1970.
Aunque América Latina no depende directamente del petróleo del
Golfo, el
aumento de los combustibles y la inflación internacional podrían afectar
igualmente a las economías de la región.
De esta manera, el Estrecho de Ormuz se consolida como uno de los
puntos estratégicos más sensibles del sistema energético mundial,
cuyo funcionamiento resulta clave para la estabilidad económica global.









