Europa enfrenta un escenario energético cada vez más complejo de
cara al próximo invierno, luego de que la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán provocara
interrupciones en la producción y transporte de gas natural licuado (GNL),
reduciendo la oferta global y disparando los precios.
El sistema energético europeo depende en gran medida del almacenamiento
de gas durante el verano para garantizar el abastecimiento en invierno,
pero este año las
reservas podrían terminar la temporada de calefacción muy por debajo de los
niveles habituales.
Desde la invasión rusa a Ucrania en 2022, Europa redujo
drásticamente las importaciones de gas por gasoductos desde Rusia,
lo que incrementó su dependencia del GNL. Antes de ese conflicto, este
combustible representaba el 19% del suministro europeo, pero
ahora podría
alcanzar el 45%, equivalente a 174.000 millones de metros cúbicos.
Para completar sus reservas, Europa necesitará aproximadamente
700 cargamentos de GNL durante el verano, unos 67.000
millones de metros cúbicos, lo que representa 17.000
millones de metros cúbicos más que el año pasado.
La mayor parte de ese gas llegará por barco, aunque Noruega,
Argelia y en menor medida Rusia continuarán enviando gas por gasoductos.
La situación se agravó esta semana cuando Qatar
suspendió operaciones en sus campos gasíferos, responsables de cerca del 20%
del suministro mundial de GNL, lo que generó un fuerte impacto
en los mercados.
Como consecuencia, el precio del gas europeo subió cerca del 50% en pocos días,
alcanzando su nivel más alto desde comienzos de 2023. En paralelo, el índice
global de GNL Japón-Corea se disparó hasta un 68%.
El costo para Europa de adquirir los cargamentos adicionales
también se incrementó de forma abrupta. La factura por 180 cargamentos extra pasó de 6.700 millones de
dólares a unos 10.100 millones, mientras que la recarga
total de reservas para el verano podría alcanzar unos 40.000 millones de
dólares.
Además, los niveles de almacenamiento europeo podrían caer a entre el 22%
y el 27% de su capacidad a finales de marzo, muy por debajo del
promedio de los últimos cinco años, que ronda el 41%.
Los analistas advierten que si se prolonga la interrupción del tráfico marítimo en el Estrecho
de Ormuz, por donde circula una parte clave del comercio
energético mundial, la situación podría agravarse aún más.
Por esa vía marítima pasan unos 120.000 millones de metros cúbicos de GNL al año,
cerca del 20%
del suministro global, y una interrupción prolongada podría
provocar una
fuerte competencia entre Europa y Asia por los cargamentos disponibles.
En ese escenario, los precios del gas en Europa podrían superar los 60 euros por
megavatio hora, e incluso acercarse a los 100 euros,
lo que recordaría la crisis energética vivida en 2022.
Mientras tanto, Estados Unidos continúa siendo el principal proveedor de GNL para
Europa, con una participación superior al 25% del
suministro, aunque analistas señalan que no puede
aumentar la producción lo suficientemente rápido para compensar la pérdida del
gas qatarí.









