El reciente ataque iraní contra Baréin volvió a
situar al Golfo Pérsico en el centro de la tensión internacional. El país
alberga la base de la Quinta Flota de la Armada de Estados Unidos, pieza clave
del despliegue militar estadounidense en la región.
Desde esa instalación, Washington supervisa operaciones navales y
la seguridad del estrecho de Ormuz, corredor fundamental para el comercio
energético mundial. Un impacto en ese enclave no sólo tiene consecuencias
militares, sino también económicas y geopolíticas.
Baréin forma parte del esquema de cooperación estratégica entre
Estados Unidos y varios países del Golfo. Por eso, el ataque es interpretado
como un mensaje directo contra la presencia militar occidental en la zona y
como una advertencia a los aliados regionales.
Especialistas advierten que golpear un punto de alto valor
estratégico incrementa el riesgo de una escalada mayor, con posibles
repercusiones en los mercados energéticos y en la estabilidad regional.









