El ayatolá Alí Jameneí es la figura central del sistema político
iraní desde 1989. Como Líder Supremo de la Revolución Islámica, ejerce un
poder vitalicio que se sitúa por encima del presidente y de todas las ramas del
Estado. Según medios israelíes, fue uno de los objetivos en los recientes
ataques atribuidos a Israel y Estados Unidos, aunque fuentes
iraníes aseguraron que se encuentra en un lugar seguro fuera de Teherán.
Nacido en 1939 en Mashhad, Jameneí fue un estrecho colaborador del
ayatolá Ruhollah Jomeiní, líder de la Revolución Islámica de 1979. Durante la
década de 1980 ocupó cargos clave, entre ellos ministro de Defensa y presidente
de la República. Tras la muerte de Jomeiní en 1989, fue designado como su
sucesor, convirtiéndose en el segundo Líder Supremo de Irán, pese a no contar
inicialmente con el rango religioso más alto.
Su autoridad es prácticamente absoluta. Es comandante en jefe de
las Fuerzas Armadas, incluido el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica,
controla el poder judicial, la televisión estatal y supervisa organismos
estratégicos como el Consejo de Discernimiento. Además, tiene la última
palabra en política exterior y en el programa nuclear iraní.
En el plano internacional, se ha caracterizado por su firme
oposición a Estados Unidos e Israel, a los que considera
enemigos de Irán, y por su defensa del desarrollo nuclear del país. También
ejerce influencia sobre una extensa red económica vinculada al Estado conocida
como Setad.
Con 86 años, Jameneí continúa siendo la máxima autoridad política
y religiosa del país, definiendo con mano firme el rumbo interno y externo de
la República Islámica en uno de los momentos de mayor tensión regional de las
últimas décadas.









