El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quedó en el centro
de la polémica tras ordenar un nuevo ataque contra Irán en cooperación con
Israel, en una escalada que contradice su promesa de campaña de 2024 de poner
fin a las guerras y no iniciarlas.
Según se informó, Trump dispuso una ofensiva más amplia que el
bombardeo selectivo contra instalaciones nucleares iraníes realizado en junio.
Sin embargo, no
solicitó autorización al Congreso, órgano que tiene la facultad
constitucional de declarar la guerra, y anunció la operación mediante un video
difundido a las 2:30 de la madrugada, en el que habló de “amenazas inminentes”
y pidió el derrocamiento del gobierno iraní.
Entre sus argumentos, el mandatario sostuvo que el objetivo es
neutralizar el programa nuclear iraní. No obstante, ya había
afirmado en junio que ese programa había sido “eliminado”, una
declaración que fue cuestionada por informes de inteligencia y por la necesidad
de esta nueva ofensiva.
Las críticas apuntan a la falta de una estrategia clara, de apoyo internacional y de debate
interno, así como al riesgo de ampliar el conflicto en una
región altamente militarizada. Irán, gobernado por el ayatolá Alí Jameneí desde
1989, es señalado por Washington como una amenaza por su política regional y
sus ambiciones nucleares.
El régimen iraní ha sido acusado de represión interna,
financiamiento de grupos armados y ataques indirectos contra intereses
estadounidenses. Sin embargo, sectores del Congreso sostienen que cualquier
acción militar debe contar con aprobación legislativa.
En la Cámara de Representantes, los congresistas Ro Khanna y
Thomas Massie impulsaron una resolución para impedir que el presidente inicie
una guerra sin autorización parlamentaria. En el Senado, los legisladores Tim
Kaine y Rand Paul promovieron una iniciativa similar.
Analistas advierten que el conflicto podría tener consecuencias
regionales amplias y recuerdan los antecedentes de intervenciones prolongadas
en Irak y Afganistán. Mientras tanto, la operación ya está en marcha y aumenta
la tensión internacional.
Fuente: The New York Times









