El gobierno de Estados
Unidos llevó adelante una operación militar en aguas internacionales
del Atlántico Norte en la que interceptó y secuestró el petrolero ruso Marinera
Bella 1, luego de más de dos semanas de persecución naval y aérea. La
acción fue ordenada por la administración del presidente Donald Trump
y generó un nuevo foco de tensión con Rusia.
Según trascendió,
el buque viajaba desde Irán con destino a Venezuela,
pero regresó al Atlántico tras intentar evadir el bloqueo estadounidense sobre
petroleros alcanzados por sanciones que operan en cercanías de aguas
venezolanas. Durante la persecución, Moscú habría intentado resguardar la nave
enviando un submarino para escoltarla.
En las últimas
horas, la cadena estatal rusa RT difundió imágenes borrosas en
las que se observa un helicóptero aproximándose al petrolero, confirmando que
se estaba ejecutando una operación de abordaje. En paralelo, la empresa rusa BurevestMarin
denunció públicamente que su buque civil, que navegaba sin carga y en condición
de lastre, era perseguido por la Guardia Costera estadounidense pese a los
intentos de la tripulación por acreditar su carácter civil y su bandera rusa.
De acuerdo a esa
denuncia, la persecución incluyó vigilancia aérea coordinada con aviones de
reconocimiento P-8A Poseidon de la Armada de Estados Unidos, mientras que
medios internacionales señalaron que en las 24 horas previas al abordaje se
registraron vuelos de observación desde bases en Islandia y del Reino Unido,
con capacidad para detectar submarinos.
En diciembre, la
tripulación del petrolero había repelido un intento de abordaje cerca de
Venezuela. Tras ese episodio, el buque pintó apresuradamente una bandera rusa
en el casco y fue inscripto en el registro marítimo oficial de Rusia, lo que
motivó una protesta diplomática formal de Moscú contra Washington.
La captura del
petrolero se produjo en un contexto especialmente delicado, cuando continúan
negociaciones vinculadas a un posible acuerdo de paz en Ucrania, y representa
una nueva escalada en la confrontación entre Washington y el Kremlin,
encabezado por el presidente Vladimir Putin.
La operación se
inscribe además en la política de bloqueo total a los buques petroleros que
entran y salen de Venezuela, ordenada por Trump en diciembre pasado, y en la
denominada Operación Lanza Sur, mediante la cual Estados
Unidos intensificó la presión militar y económica sobre el gobierno venezolano.
Una semana antes, fuerzas estadounidenses ya habían secuestrado otro petrolero
frente a las costas venezolanas, en una escalada que terminó derivando en la
captura del presidente Nicolás Maduro tras la invasión al país
caribeño.









