Un reciente análisis publicado por el Observatorio
del Instituto para el Futuro de la Educación del Tecnológico de Monterrey
reavivó el debate sobre el desempeño cognitivo de la Generación Z,
integrada por jóvenes nacidos aproximadamente entre 1997 y 2010.
El estudio señala que en algunas pruebas académicas y cognitivas
recientes se observaron descensos en habilidades como atención, memoria,
comprensión lectora, razonamiento lógico y aritmética, en
comparación con generaciones anteriores.
La discusión tomó impulso luego de que el investigador Jared Cooney
Horvath mencionara estos resultados durante una audiencia ante
el Congreso de Estados Unidos. Sin embargo, los datos citados aún no han
sido publicados en una revista científica revisada por pares,
por lo que especialistas recomiendan interpretar los resultados con prudencia.
La autora del análisis, Paulette Delgado, subraya que la
inteligencia no puede reducirse a un único indicador, ya que se
trata de un
concepto complejo que incluye múltiples dimensiones, entre
ellas la creatividad, la adaptación al entorno y las habilidades sociales.
Para entender el fenómeno, el informe recuerda el llamado “Efecto
Flynn”, un proceso registrado durante gran parte del siglo XX
por el cual los
puntajes promedio en pruebas de coeficiente intelectual aumentaron de manera
sostenida, principalmente por mejoras en educación, nutrición y
condiciones sociales.
Según distintos estudios científicos, estos cambios
en los puntajes suelen estar asociados a factores ambientales y culturales,
más que a transformaciones biológicas en las capacidades cognitivas de las
personas.
Uno de los factores que hoy se discuten es el impacto
del entorno digital. Investigadores sugieren que la exposición
constante a pantallas y dispositivos móviles podría modificar la forma en que
los jóvenes procesan la información, privilegiando la
velocidad, el multitasking y la respuesta inmediata.
Este fenómeno se vincula con el concepto de “fricción
cognitiva”, que describe el proceso de aprendizaje profundo que
requiere lectura
extensa, concentración prolongada y resolución de problemas complejos,
habilidades que pueden verse afectadas en contextos dominados por la inmediatez
digital.
Datos del Pew Research Center indican que el 95% de los
adolescentes en Estados Unidos tiene acceso a un smartphone, y
muchos aseguran estar conectados a internet casi de forma constante.
Sin embargo, especialistas advierten que calificar a
toda una generación como “menos inteligente” puede resultar simplista y generar
estigmatización, ya que los cambios observados también podrían
reflejar nuevas
formas de aprendizaje y adaptación al entorno tecnológico actual.
El debate, concluyen los investigadores, no debería centrarse en
comparar generaciones, sino en cómo adaptar los sistemas educativos y las herramientas de
evaluación a un contexto cultural y tecnológico que está cambiando rápidamente.









