El segundo mandato del presidente estadounidense Donald Trump
comenzó a quedar definido por una política exterior agresiva, con acciones
directas, amenazas públicas y una renovada reivindicación de la supremacía de
Estados Unidos en distintas regiones del mundo.
En los últimos días, Trump cumplió sus advertencias contra
Venezuela al capturar al presidente Nicolás Maduro y a su esposa durante una
operación nocturna en Caracas. Al describir la intervención, el mandatario
evocó la Doctrina Monroe de 1823 y la relanzó bajo el nombre de “Doctrina
Donroe”, reafirmando la ambición estadounidense de control e influencia en el
hemisferio occidental.
Entre los focos de tensión aparece Groenlandia. Aunque Estados
Unidos ya posee una base militar en la isla, Trump afirmó que Washington
“necesita Groenlandia” por razones de seguridad nacional y por su valor
estratégico y económico, especialmente por sus reservas de tierras raras. El
primer ministro groenlandés rechazó de plano la idea y calificó cualquier
intento de anexión como una “fantasía”, reclamando respeto al derecho
internacional.
Colombia también fue blanco de advertencias. Horas después de la
operación en Venezuela, Trump lanzó amenazas contra el presidente Gustavo Petro,
a quien acusó de permitir el avance del narcotráfico. Estados Unidos ya había
impuesto sanciones al gobierno colombiano y el mandatario norteamericano
deslizó la posibilidad de una acción directa, pese a que históricamente
Colombia fue un aliado clave en la lucha antidrogas.
En Medio Oriente, Trump puso la mira en Irán. En medio de
protestas internas, advirtió que Estados Unidos responderá con dureza si
continúan las muertes de manifestantes. La tensión se suma a los ataques
previos contra instalaciones nucleares iraníes y a la estrecha coordinación con
Israel, donde ya se analiza la posibilidad de nuevas acciones en 2026.
México volvió a ocupar un lugar central en el discurso
presidencial. Trump reiteró que el país no hace lo suficiente para frenar el
narcotráfico y la inmigración irregular, y dejó abierta la puerta a nuevas
medidas. La presidenta mexicana rechazó de manera tajante cualquier
intervención militar estadounidense en su territorio.
Finalmente, Cuba fue mencionada como un país “listo para caer”,
debilitado por su dependencia económica del petróleo venezolano. Desde
Washington sostienen que la isla atraviesa una situación crítica y funcionarios
estadounidenses volvieron a hablar abiertamente de un cambio de régimen.
La secuencia de declaraciones y acciones refuerza la idea de un
segundo mandato marcado por la confrontación, la presión militar y el intento
de reconfigurar el orden internacional bajo los intereses de Estados Unidos.
Fuente: BBC “Tom
Bennett”









