Productores rurales de la Costa del Río Uruguay, en la provincia
de Corrientes, volvieron a expresar su profunda preocupación por el crecimiento
de los delitos rurales y la falta de respuestas rápidas por parte del sistema
judicial, a casi 20 años de la sanción de una ley que ordena la creación de
fiscalías rurales especializadas y que aún no fue aplicada.
El reclamo tomó mayor visibilidad tras la difusión del tema en
medios provinciales y nacionales. María Marta Batalla, integrante de la
Sociedad Rural de Paso de los Libres, aseguró que el delito rural continúa
siendo tratado como un hecho menor, pese a su gravedad. “Sentimos que el delito
rural es tomado como un delito menor, y no lo es”, afirmó en declaraciones a
PONELE H Radio-TV.
La dirigente recordó que la Ley Provincial Nº5691, sancionada en
2005, establece la creación de fiscalías rurales en cada circunscripción
judicial, con fiscales especializados en delitos rurales y ambientales. Sin
embargo, en Paso de los Libres y otras zonas de la provincia estos hechos
siguen siendo abordados por fiscalías ordinarias, lo que genera demoras en
allanamientos, investigaciones y medidas urgentes.
Batalla sostuvo que el abigeato dejó de ser un delito ocasional
para convertirse en una actividad organizada. “Nadie roba 50 cabezas de ganado
para comer. Estamos hablando de organizaciones criminales”, remarcó. En algunas
regiones, explicó, existen vínculos transfronterizos con Brasil y Paraguay,
mientras que en otras operan estructuras locales con familias dedicadas de
manera sistemática al delito.
La productora también cuestionó la lentitud judicial al autorizar
allanamientos, incluso en casos flagrantes. “Hay delitos donde se espera 48
horas o más por una orden de allanamiento, y a veces nunca llega”, denunció. Si
bien destacó el trabajo de la Policía Rural e Islas y Ambiente Rural (PRIAR),
señaló que los problemas surgen cuando las causas ingresan al ámbito judicial.
Además del robo de animales, los productores enfrentan importantes
pérdidas económicas por la rotura de alambrados y el riesgo de accidentes
viales. “Cien metros de alambrado hoy cuesta alrededor de un millón de pesos”,
indicó Batalla, al advertir que los cercos dañados dejan animales sueltos en
rutas muy transitadas.
Otro aspecto crítico es el riesgo sanitario, ya que parte de la
carne robada se comercializa fuera de los controles oficiales. “La gente consume
carne sin saber si es apta para consumo humano”, alertó, señalando que muchos
animales robados pueden estar bajo tratamientos veterinarios.
Según explicó, la inseguridad rural ya provoca consecuencias
estructurales, como el abandono de campos, el cambio de actividades productivas
y la desaparición de rubros como la producción ovina. Ante este panorama, las
entidades rurales reiteraron su reclamo a los tres poderes del Estado para que
se aplique la ley vigente, se creen fiscalías rurales y se implementen
políticas integrales contra el delito rural.
Fuente: poneleh.com









