El ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, quedó en el
centro de una nueva controversia tras la presentación de una denuncia
penal ante la Justicia Federal impulsada por la senadora de
Unión por la Patria, Juliana Di Tullio.
La acusación también alcanza a su esposa, Josefina Rouillet
—titular de la Asociación Argentina de Cultura Inglesa (AACI)—, al canciller
Pablo Quirno y a otros funcionarios, por los presuntos delitos de “defraudación
contra la administración pública y encubrimiento”.
El eje del planteo judicial está en un contrato por
$114 millones adjudicado sin licitación pública a la AACI para
brindar cursos de inglés a diplomáticos, a través de la Cancillería. Según la
denuncia, no se descarta un posible tráfico de influencias, dado que la entidad
beneficiada es dirigida por la esposa del ministro.
A este caso se suma otro dato que generó polémica: el funcionario
habría destinado $720 millones al alquiler de cuatro pisos de oficinas en el
microcentro porteño y 24 cocheras para su cartera.
El escrito judicial identifica como coautores a distintos
funcionarios que habrían intervenido en la contratación directa, incluyendo
autoridades de la Subsecretaría de Coordinación y Administración de la
Cancillería y responsables de áreas técnicas vinculadas a compras, asuntos
jurídicos y transparencia.
Desde el entorno del presidente Javier Milei respaldaron al
ministro y defendieron la contratación, argumentando que el vínculo con la AACI
se remonta a 2018 y que la institución es una de las más reconocidas del país.
Sin embargo, no hubo precisiones sobre la ausencia de un proceso de licitación
pública ni sobre el esquema de alquiler de oficinas, en contraste con el
programa oficial de “alquiler cero”.
La causa quedó ahora en manos de la Justicia Federal, que deberá
determinar si existieron irregularidades en el uso de fondos públicos.









