El presidente
Javier Milei firmó el Decreto de Necesidad y Urgencia 941/2025, mediante el
cual se modifica la Ley de Inteligencia y se reestructura la Secretaría de
Inteligencia del Estado (SIDE), otorgándole mayores atribuciones y concentrando
el control del sistema nacional de inteligencia. La medida, que no fue debatida
en el Congreso de la Nación, provocó un amplio rechazo político y sindical.
Con el nuevo
esquema, la SIDE pasa a ser el órgano principal del sistema de inteligencia. En
ese marco, se disuelve la Dirección Nacional de Inteligencia Estratégica
Militar del Ministerio de Defensa y se transfieren bienes, derechos y
obligaciones a la Dirección General de Inteligencia del Estado Mayor Conjunto
de las Fuerzas Armadas.
Uno de los
aspectos más cuestionados del decreto es que habilita a los agentes de
inteligencia a aprehender personas en el desarrollo de actividades de
inteligencia, auxilio o por requerimiento judicial, además de permitir acciones
de carácter encubierto. Para sectores de la oposición, estas facultades
representan un riesgo para las garantías constitucionales. “Todos somos
sospechosos y espiados”, afirmó el diputado Maximiliano Ferraro, jefe del
bloque de la Coalición Cívica-ARI.
Las críticas
también se extendieron a las organizaciones sindicales. El Sindicato Único de
Trabajadores de la Educación de Corrientes (SUTECO), integrante de CTERA y la
CTA, sostuvo que el DNU “dictado sin necesidad ni urgencia, vulnera el debate
democrático” y constituye un “gravísimo retroceso de las libertades
individuales”. En el mismo sentido se pronunciaron la CTA Autónoma y la CTA de
los Trabajadores.
Desde ATE
advirtieron que la reforma implica “un nuevo ataque a los derechos humanos y
las garantías constitucionales”, mientras que ATUN informó el rechazo de la CGT
nacional a la medida. El DNU volvió a instalar el debate sobre los límites del
poder presidencial y el control democrático de los organismos de inteligencia.









