La Iglesia Católica conmemora hoy la fiesta de San
Juan Damasceno, sacerdote, monje y una de las figuras más influyentes de la
teología cristiana. Su legado doctrinal, especialmente en tiempos de
controversias dentro de la Iglesia, se mantiene hasta hoy como referencia en
los estudios bíblicos, dogmáticos y litúrgicos.
San Juan Damasceno es conocido como el gran
defensor de las imágenes sagradas, enfrentando con firmeza la corriente
iconoclasta que buscaba prohibirlas. Su obra no sólo dejó fundamentos
teológicos sólidos, sino que además fortaleció la devoción popular y la
comprensión del valor pedagógico y espiritual del arte cristiano.
Su pensamiento lo llevó a ser proclamado Doctor
de la Iglesia, uno de los títulos más importantes en la tradición católica,
reservado a quienes dejan un aporte doctrinal universal y permanente.
Juan Damasceno nació hacia el año 675 en Damasco,
en el seno de una familia cristiana con alto prestigio social. Recibió una
sólida formación filosófica, teológica y científica, lo que lo convirtió en uno
de los pensadores más brillantes de su época.
Renunció a una vida cómoda para abrazar la vida
monástica en el monasterio de San Sabas, cerca de Jerusalén. Allí
escribió algunas de sus obras más importantes, entre ellas La Fuente del
Conocimiento, considerada una de las síntesis teológicas más completas de
la Iglesia Oriental.
Se destacó por su defensa apasionada de las imágenes
religiosas, argumentando que, al haberse hecho Dios visible en Cristo, la
representación artística era un medio legítimo para honrar y comprender el
misterio de la encarnación.
Murió hacia el año 749 y su influencia se mantiene
viva tanto en Oriente como en Occidente.









