Un trabajo final presentado en 2018 por los entonces estudiantes
de Ingeniería Civil Max Charytonow y Eliana Mirta Cóceres, de
la Facultad de Ingeniería de la UNNE, analizó el impacto de barcazas sobre el Puente
General Manuel Belgrano y propuso soluciones diferentes a las
defensas flotantes que actualmente protegen la estructura.
La investigación, titulada “Modelación del Impacto de Barcazas sobre el Puente General Manuel
Belgrano”, buscó determinar si el corrimiento detectado en una
parte del viaducto podía estar relacionado con el choque de convoyes contra sus
pilares.
Como antecedente principal, el trabajo estudió el impacto ocurrido
el 8
de diciembre de 1996, cuando un convoy de 16 barcazas
procedente de Corumbá, Brasil, que transportaba mineral de
hierro, chocó contra las defensas del puente.
El tema volvió a cobrar relevancia luego de un nuevo accidente
protagonizado recientemente por un remolcador paraguayo, que provocó daños en la
estructura de protección del viaducto y dejó 5 barcazas a la deriva.
Uno de los puntos llamativos es que ambos episodios involucraron
el sector correspondiente a la pila N.º 5, precisamente el área analizada en
profundidad por los autores del estudio.
Desplazamientos de hasta 32
centímetros
Los ingenieros calcularon que el impacto de 1996 podría haber
producido desplazamientos de entre 20 y 32 centímetros, según los distintos métodos
utilizados.
Sin embargo, una inspección de Vialidad Nacional realizada en 2018
había registrado un corrimiento permanente de aproximadamente 13
centímetros.
Los autores plantearon como posibles explicaciones una deformación
de los pilotes enterrados bajo el lecho del río o una deformación permanente
provocada por la magnitud del impacto.
Tres alternativas para reducir
riesgos
El trabajo propuso distintas medidas para evitar que el
desplazamiento continuara aumentando.
Una de ellas consistía en colocar piezas metálicas en la unión de
los tramos, para limitar el movimiento estructural.
Otra alternativa planteaba instalar vigas de
hormigón armado debajo de la unión, destinadas a impedir que
los tramos pudieran desprenderse de sus apoyos ante situaciones extremas.
Sin embargo, ambas soluciones tenían una limitación: no impedían
nuevos impactos de embarcaciones contra los pilares.
Por ese motivo, los autores consideraron necesario estudiar un nuevo
sistema de defensas, diferente a los pontones flotantes
instalados actualmente.
Defensas diseñadas hace más de 50
años
Según explicó el ingeniero Ricardo Barrios D’Ambra, quien dirigió
académicamente el trabajo, las defensas flotantes actuales fueron instaladas en
1973
y fueron diseñadas para condiciones de navegación distintas a las actuales.
El especialista señaló que los grandes convoyes modernos
transportan cargas muy superiores. Como referencia, el convoy analizado en el
estudio transportaba unas 19.119 toneladas, una carga equivalente, según
explicó, a aproximadamente 637 camiones con acoplado cargados al máximo.
Para reducir riesgos, actualmente los grandes convoyes deben
desarmarse antes de atravesar el sector del puente, con dimensiones máximas
establecidas para el cruce.
El proyecto de defensas que no
llegó a concretarse
Entre 2014 y 2016 se licitó un sistema de defensas
definitivas para el puente General Belgrano, aunque la obra finalmente no se
concretó debido a problemas económicos de la empresa adjudicataria y la
posterior rescisión del contrato.
El proyecto contemplaba estructuras fijas de hormigón armado, con pilotes
excavados y fundados directamente en el lecho del río Paraná.
Estas defensas funcionarían como grandes “escudos” independientes
ubicados antes de las pilas principales. Ante una pérdida de control de una
embarcación, el impacto se produciría primero contra esos elementos, evitando
que la barcaza golpeara directamente la estructura del puente.
El sistema también habría protegido las pilas N.º 5 y
N.º 6 y sectores adyacentes, ampliando el margen de seguridad
frente a eventuales derivas o maniobras provocadas por las fuertes corrientes.
El estudio realizado hace 8 años vuelve así a tomar relevancia
ante los recientes incidentes y reabre el debate sobre la necesidad
de contar con defensas capaces de soportar el tamaño y tonelaje de los actuales
convoyes que navegan por el Paraná.









