Se conocieron nuevos detalles sobre el adolescente de 15 años que
ingresó armado a una escuela de San Cristóbal, en la provincia de Santa Fe.
Según su defensa, el joven se encontraba bajo tratamiento psicológico y había
atravesado episodios
de autolesiones, además de posibles situaciones de hostigamiento
escolar.
El abogado Néstor Oroño, representante de la familia, indicó que
el menor “estaba
bajo tratamiento psicológico, no psiquiátrico” y que en una
oportunidad se
había provocado lesiones en el brazo, aunque no de manera
reiterada. En la misma línea, la letrada Mariana Oroño agregó que el joven
presentaba un perfil introvertido, con escasa vida social y mucho tiempo frente a la
computadora.
Desde la defensa sostienen que no existían señales claras de
alerta previas al ataque. “Hablamos por boca del padre: no había
síntomas ni indicadores que anticiparan un hecho de esta magnitud”,
afirmaron.
No obstante, otros testimonios aportan una mirada diferente.
Carmen, madre de un alumno del mismo curso, relativizó la hipótesis de bullying
y apuntó a la existencia de problemas familiares en el entorno del
adolescente.
También se confirmó que los padres del menor atraviesan un
proceso de separación, residiendo la madre en Santa Fe y el
padre en Entre Ríos. Si bien no mantenían contacto físico frecuente, conservaban
comunicación telefónica regular.
A pesar de estos antecedentes, la defensa reiteró que “nada hacía
prever un episodio de esta violencia” y señaló que ambos padres
se encuentran profundamente
afectados por lo ocurrido.
El caso reabre el debate sobre la salud mental en adolescentes,
el rol de las instituciones educativas y la necesidad de detección
temprana de situaciones de riesgo, en un contexto donde la
violencia escolar vuelve a generar alarma.






