El mercado argentino de motos eléctricas atraviesa una etapa de
consolidación selectiva, con un perfil de comprador más racional y orientado al
análisis del costo total de uso. La demanda se concentra en grandes centros
urbanos y en actividades laborales como reparto y logística, donde el ahorro
operativo resulta determinante.
Actualmente, los precios parten desde $2.500.000 en
modelos urbanos básicos y pueden llegar hasta $9.000.000 en
versiones de mayor potencia o doble batería. El segmento de
mayor volumen comercial se ubica entre $3.000.000 y $5.500.000.
Desde la Cámara de Fabricantes de Motovehículos (CAFAM) señalaron
que el costo
por kilómetro puede ser hasta 90% inferior frente a una moto a combustión,
lo que favorece la adopción en esquemas de uso intensivo. En algunos casos, la
inversión puede amortizarse en menos de 6 meses, dependiendo del
kilometraje diario.
La autonomía promedio oscila entre 50 y 150 kilómetros por carga,
suficiente para recorridos urbanos, aunque limitada para trayectos interurbanos
debido a la escasa
infraestructura pública de carga. La mayoría de los modelos
permite carga domiciliaria en enchufes de 220v, con tiempos de entre 4 y 8 horas.
El perfil del comprador es mayormente joven, con interés en
movilidad independiente y sensibilidad ambiental. Sin embargo, el precio
inicial sigue siendo la principal barrera, ya que en muchos
casos supera al de motos tradicionales de baja cilindrada.
El segmento con mayor volumen incluye:
·
Scooters eléctricos urbanos
·
Unidades utilitarias para reparto
·
Micro movilidad eléctrica como
bicicletas
Entre las ventajas se destacan el torque inmediato, la conducción
silenciosa y la ausencia de emisiones locales. No obstante, el mercado enfrenta
desafíos estructurales vinculados a la estructura arancelaria, la importación
de componentes eléctricos y la falta de incentivos sostenidos.
Los especialistas recomiendan evaluar antes de comprar aspectos
clave como autonomía
real, tipo y vida útil de la batería, costo de reposición, red de servicio
técnico y garantía específica, ya que la batería representa el
componente de mayor impacto económico.
El crecimiento del sector avanza de manera gradual, condicionado
por la estabilidad normativa, el acceso a financiación y la capacidad del
usuario de percibir un ahorro concreto en el mediano plazo.









