El analista y jurista Augusto Zamora advirtió
que la captura del presidente Nicolás Maduro no debe interpretarse como
un episodio cerrado ni como una victoria definitiva de Estados Unidos, sino
como el inicio de una etapa de consecuencias políticas, jurídicas y
geopolíticas de largo alcance. En su análisis, Zamora subraya que la historia
demuestra que los conflictos impulsados por Washington rara vez terminan como
fueron concebidos.
El autor remite a antecedentes clave. En 2003, el
entonces presidente George W. Bush proclamó el fin de la guerra en Irak
apenas 40 días después de iniciada la invasión, bajo el lema “Misión cumplida”.
Sin embargo, el conflicto se extendió durante 8 años, dejó cientos de miles de
muertos y concluyó con la retirada de las tropas estadounidenses sin haber
alcanzado los objetivos estratégicos iniciales. Un recorrido similar, señala
Zamora, tuvo Afganistán: tras 20 años de ocupación, Estados Unidos se retiró en
2021 dejando el poder en manos de los mismos talibanes que había derrocado en
2001.
Desde esa lógica, Zamora considera que el discurso
triunfalista del presidente Donald Trump tras la captura de Maduro
repite una confusión histórica: equiparar el éxito inmediato de una operación
militar con el desenlace real del conflicto. Para el analista, el secuestro de
un jefe de Estado no es un hecho menor, sino la apertura de una “caja de
truenos” cuyos efectos políticos y sociales son imposibles de prever en el
corto plazo.
El texto pone el acento en el plano jurídico
internacional. Zamora recuerda que los jefes de Estado son personas
internacionalmente protegidas según la Convención adoptada por la Organización
de las Naciones Unidas en 1973. En ese marco, el secuestro de Maduro
constituye un delito internacional y priva de legitimidad a cualquier intento
de juzgamiento por parte de tribunales estadounidenses. A ello suma el
principio jurídico básico que impide obtener beneficios de un acto ilícito, lo
que refuerza, según su visión, la ilegalidad de todo el proceso.
Más allá del caso venezolano, Zamora inscribe la
ofensiva estadounidense en una disputa global de mayor escala. Afirma que la
agresión contra Venezuela no responde únicamente a la histórica vocación
intervencionista de Washington, sino a la preparación estratégica de un
enfrentamiento sistémico con China y Rusia. En ese contexto, el control de
recursos, territorios y alineamientos políticos en América Latina y Europa
aparece como una pieza clave de una confrontación mundial en ciernes.
El analista también relativiza el argumento
económico centrado en el petróleo. Sostiene que la experiencia histórica
demuestra que las guerras prolongadas han sido ruinosas para Estados Unidos,
como lo evidenció el costo cercano al billón de dólares de la invasión a
Afganistán, sin beneficios económicos concretos. Para Zamora, el petróleo funciona
más como justificación discursiva que como causa real de la agresión.
Finalmente, el autor concluye que el secuestro de
Maduro marca un punto de inflexión peligroso para el sistema internacional. Al
legitimar la captura de un presidente por la fuerza, se habilita un precedente
que puede ser replicado por otros Estados, acelerando el deterioro del orden
global. “Las cosas no son cómo empiezan, sino cómo terminan”, insiste Zamora, y
advierte que Venezuela es apenas un capítulo más —no el último— de una
confrontación mundial en desarrollo.







