El gobierno del
primer ministro británico Keir Starmer atraviesa una de las crisis
políticas más delicadas desde su llegada al poder en 2024, en medio de una
fuerte caída en las encuestas, derrotas electorales y una creciente rebelión
dentro del propio Partido Laborista.
La situación se
agravó en las últimas semanas tras los malos resultados obtenidos por el
oficialismo en elecciones locales celebradas en Inglaterra, Escocia y Gales,
donde el laborismo sufrió una de sus peores performances desde la década de
1970.
El avance del
partido conservador Reform UK, liderado por Nigel Farage, y el
crecimiento de los Verdes profundizaron la presión sobre Starmer, que ya
enfrenta fuertes críticas por sus políticas económicas y migratorias.
Durante sus
primeros meses de gestión, el líder laborista anunció un severo ajuste fiscal
argumentando la existencia de un déficit millonario en las finanzas públicas
británicas. A partir de allí, el gobierno impulsó aumentos de impuestos sobre
ingresos, dividendos, propiedades y aportes patronales, generando fuerte
malestar social.
La política
migratoria también quedó en el centro de las críticas. La respuesta oficial a
disturbios ocurridos a fines de 2024 provocó cuestionamientos desde sectores
conservadores y derivó incluso en un enfrentamiento público entre Starmer y el
empresario Elon Musk.
Otro de los golpes
más fuertes llegó con el escándalo vinculado al caso Jeffrey Epstein,
luego de que el embajador británico en Estados Unidos, Peter Mandelson, quedara
involucrado en denuncias sobre supuestos vínculos con el financista estadounidense.
La polémica provocó
nuevas renuncias dentro del Gobierno y aumentó el desgaste político del primer
ministro. Desde Downing Street intentaron despegar a Starmer del escándalo,
aunque el propio mandatario reconoció haber cometido “un error” con el nombramiento
de Mandelson.
En paralelo,
comenzaron las dimisiones de funcionarios y dirigentes laboristas. Entre las
renuncias más resonantes aparecen Jess Phillips, Alex Davies-Jones, Miatta
Fahnbulleh y, más recientemente, el secretario de Salud, Wes Streeting,
considerado uno de los posibles candidatos a suceder a Starmer.
Streeting cuestionó
públicamente el liderazgo del primer ministro y aseguró que su estilo de
conducción “empobrece la política”, en medio de crecientes pedidos internos
para abrir una disputa por la conducción del Partido Laborista.
Actualmente, según
encuestas de YouGov, Starmer cuenta con apenas un 19% de aprobación, uno
de los niveles más bajos registrados para un jefe de gobierno británico en los
últimos años.









