La crisis económica y la apertura de importaciones golpearon de
lleno a una industria estratégica nacional. Esta semana se confirmó el cierre
definitivo de la Fábrica Argentina de Porcelanas Armanino (FAPA),
la única empresa del país dedicada a fabricar aisladores eléctricos de
porcelana utilizados en redes de distribución de energía.
Con el cierre de la planta ubicada en Monte Grande,
provincia de Buenos Aires, Argentina dejará de producir
localmente un componente clave para el sistema eléctrico nacional. A partir de
mayo, esos productos deberán ser importados principalmente desde China, Brasil
o Colombia, quedando sujetos a precios internacionales y
cotización en dólares.
La empresa tenía una historia de casi 90 años. Fue fundada en 1938
por los hermanos Leopoldo y Aquiles Armanino, inicialmente dedicada a la
fabricación de menaje hotelero. Sin embargo, durante la Segunda Guerra Mundial
y ante las dificultades para importar insumos, la firma reconvirtió su
producción hacia la porcelana para uso eléctrico, apostando al desarrollo
industrial argentino y a reemplazar productos extranjeros.
Según datos citados por extrabajadores y por la Cámara de la
Industria Electrónica, Electromecánica y Luminotécnica (CADIEEL), FAPA
abastecía cerca del 70% del consumo aparente del país y era la única productora
nacional de aisladores de porcelana.
El cierre no fue repentino. Desde hacía meses la empresa
atravesaba un proceso de deterioro económico y reducción de actividad.
Finalmente, la firma confirmó la liquidación total de la planta y el remate de toda su maquinaria,
dejando en claro que la decisión es irreversible.
Uno de los puntos más cuestionados es la decisión del Gobierno
nacional de suspender medidas antidumping que protegían la producción local. En
marzo de 2026, el ministro de Economía, Luis Caputo, firmó la Resolución 345/2026, que
suspendió por seis meses restricciones y aranceles para la importación de
aisladores eléctricos.
La normativa original, vigente desde 2021, limitaba el ingreso de
productos importados para proteger a la industria nacional frente a la
competencia externa. Con la suspensión de esas medidas, las importaciones
quedaron liberadas en un contexto donde la empresa argentina ya se encontraba
debilitada.
Desde el Gobierno argumentaron que la continuidad de las
restricciones “carecería de objeto ante la inexistencia de producción nacional”
y que mantenerlas podría afectar el abastecimiento del sistema eléctrico.
El cierre de FAPA vuelve a encender el debate sobre el futuro de
la industria argentina, la pérdida de producción nacional y la creciente
dependencia de insumos importados para sectores considerados estratégicos.






