Un estudio publicado en la revista BMC Cardiovascular Disorders
reveló que acostarse
a horarios irregulares puede duplicar el riesgo de infarto o ictus,
especialmente en personas que duermen menos de 8 horas.
La investigación siguió a 3.231 adultos durante más de 10 años y detectó que
la
variabilidad en la hora de ir a la cama es un factor clave,
mientras que la irregularidad al despertarse no mostró una relación
significativa con problemas cardíacos.
Durante el seguimiento, 128 personas (4,0%) sufrieron eventos cardiovasculares graves,
como infarto, accidente cerebrovascular o insuficiencia cardíaca. Los datos
mostraron que quienes mantenían horarios de sueño irregulares tenían un
riesgo hasta 2,01 veces mayor en comparación con quienes
sostenían rutinas estables.
El hallazgo más relevante es que el riesgo aumenta cuando se
combinan dos factores: dormir poco y no tener horarios fijos,
lo que sugiere que ambos elementos potencian el impacto negativo sobre el
corazón.
Los investigadores analizaron tres variables: hora de
acostarse, hora de despertarse y el punto medio del sueño,
concluyendo que solo las irregularidades en el inicio del descanso tienen un
impacto directo en la salud cardiovascular.
El estudio también destaca que la rutina nocturna podría ser tan
importante como la alimentación o el ejercicio, ya que influye
directamente en el reloj biológico, encargado de regular funciones como la
presión arterial y el metabolismo.
Si bien no se establece una relación causal directa, los
resultados indican que mantener un horario regular para dormir podría ser una medida
simple pero efectiva para reducir riesgos.
El trabajo aporta una nueva mirada sobre la prevención: no solo
importa cuánto se duerme, sino también la constancia en el horario,
un hábito cotidiano que podría tener un impacto significativo en la salud.









