El Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) atraviesa
una de las crisis más profundas de su historia tras el anuncio de despidos
masivos que podrían superar los 700 trabajadores, en el marco
de una política de ajuste impulsada por el Gobierno nacional.
La decisión, que responde a lineamientos del Ministerio de
Transformación y Desregulación del Estado, apunta a reducir
drásticamente la estructura del organismo y eliminar funciones estratégicas,
muchas de las cuales serían transferidas al sector privado. Desde distintos
sectores denuncian que se trata de un proceso de vaciamiento deliberado que debilita la
capacidad tecnológica e industrial del país.
Según trascendió tras una reunión entre autoridades del INTI y el
Consejo Directivo, la magnitud de los despidos exigidos desde el Gobierno podría
incluso duplicar la cifra inicialmente mencionada, lo que
agrava aún más el escenario de incertidumbre y conflicto interno.
El propio presidente del organismo, Miguel Romero, tomó distancia
de la medida y aseguró que no convalidará despidos durante su gestión, al
sostener que el acuerdo original contemplaba una reducción de servicios, pero
no la expulsión masiva de trabajadores. La fractura interna en la conducción deja en evidencia la presión
política para avanzar con el ajuste.
Trabajadores y delegados advierten que la
eliminación de áreas técnicas y la pérdida de personal calificado impactará
directamente en controles de calidad, certificaciones y asistencia a la
industria, funciones esenciales que históricamente garantizó el
INTI. Además, cuestionan que la transferencia de estas tareas al sector privado prioriza
intereses económicos por sobre la seguridad y el desarrollo productivo nacional.
En este contexto, los trabajadores convocaron a una jornada de protesta con
conferencia de prensa frente al organismo, en rechazo a lo que
califican como un “ataque directo” al sistema científico-tecnológico argentino
y sus capacidades estratégicas.
El conflicto crece y expone una política de ajuste que no solo recorta empleo, sino que
redefine el rol del Estado, debilitando áreas sensibles en nombre de la
desregulación y el achicamiento.




