En los últimos
años, Corrientes fue escenario de una serie de juicios ambientales que marcaron
un antes y un después en la forma en que la Justicia provincial aborda la
contaminación y el riesgo ambiental. Lejos de tratarse de procesos aislados,
los expedientes revelan un patrón común: la reiteración de prácticas históricas
—basurales a cielo abierto, vuelcos cloacales sin tratamiento y manejo
deficiente de sustancias peligrosas— que chocan con estándares ambientales cada
vez más exigentes.
Uno de los casos
más resonantes es el de Santo Tomé, donde el Superior Tribunal
de Justicia confirmó en 2024 una sentencia que obliga al municipio a erradicar
el basural a cielo abierto y avanzar con un plan integral de gestión de residuos.
La causa se inició a partir de un amparo ambiental que denunció la falta de
estudios de impacto ambiental actualizados y el riesgo para la salud de la
población. El fallo no solo ordenó el cierre del basural, sino que impuso
informes periódicos para garantizar el cumplimiento efectivo de la medida.
Un escenario
similar se dio en Mercedes, donde la Justicia provincial
también ratificó una condena contra el municipio por la existencia de un
basural a cielo abierto de gran extensión. En este caso, la demanda fue
impulsada por la Fiscalía de Investigación Ambiental y Rural, que acreditó el
daño ambiental colectivo. El fallo dejó en claro que la falta de recursos no
exime a los gobiernos locales de su obligación de proteger el ambiente y la
salud pública, aunque el verdadero desafío quedó planteado en la etapa de
ejecución.
Otro antecedente
clave es el de Curuzú Cuatiá, donde una Cámara Civil ordenó en
2017 la clausura de un basural instalado en un predio privado sin habilitación
ni estudio de impacto ambiental. La resolución dispuso el cese inmediato del
vertido de residuos y prohibió nuevas disposiciones hasta cumplir con la
normativa vigente, reforzando la idea de que la actividad contaminante no puede
continuar bajo ningún pretexto administrativo.
En materia de
efluentes cloacales, Goya se convirtió en un caso testigo.
Tras más de una década de reclamos, en 2023 el Superior Tribunal condenó a la
empresa concesionaria del servicio de agua y cloacas a construir y poner en
funcionamiento una planta de tratamiento, luego de comprobar el vertido de
líquidos cloacales sin tratar al riacho local y la persistencia de olores
nauseabundos. La sentencia involucró también al Estado provincial, al que se le
ordenó aportar recursos del fondo fiduciario, y al municipio, que debía
garantizar el cumplimiento de las ordenanzas ambientales.
En la misma
ciudad, la Justicia confirmó años antes una condena indemnizatoria a favor de
vecinos afectados por emanaciones cloacales, estableciendo un precedente
relevante: nadie tiene un derecho adquirido a contaminar, aun cuando la
actividad lleve años realizándose sin controles efectivos.
Un capítulo
distinto, pero igualmente significativo, es el del uso de sustancias
peligrosas, como el caso de los transformadores con PCB en la ciudad
de Corrientes. En 2013, el Superior Tribunal confirmó la reubicación de equipos
eléctricos ubicados en una zona urbana, pese a que los niveles detectados no
superaban los mínimos legales. El fallo se apoyó en el principio de prevención,
al considerar el riesgo potencial que implicaría un incendio y la liberación de
dioxinas altamente tóxicas.
En conjunto, estos
juicios muestran una tendencia clara: la Justicia correntina avanza hacia una
interpretación más estricta del derecho ambiental, donde no es necesario esperar
el daño consumado para intervenir. Sin embargo, también dejan al descubierto
una deuda estructural: muchas sentencias quedan condicionadas a su efectiva
ejecución, con plazos largos y controles irregulares que ponen a prueba la
voluntad política y la capacidad de gestión de los responsables.
Así, los juicios
ambientales en Corrientes no solo exponen los pasivos acumulados durante
décadas, sino que plantean un interrogante central hacia el futuro: si los
fallos lograrán traducirse en mejoras reales y sostenidas en la calidad
ambiental de las comunidades afectadas.







