A 92 años del enfrentamiento armado ocurrido el 29 de diciembre de 1933 en el sur correntino, el episodio sigue siendo uno de los capítulos más crudos y menos difundidos de la resistencia radical contra el fraude, la proscripción política y el orden surgido tras el golpe de Estado de 1930.
El 29 de diciembre de 1933, en la zona del
arroyo San Joaquín, al sur de Paso de los Libres, se produjo uno
de los enfrentamientos armados más significativos del interior del país durante
la llamada Década Infame. El combate formó parte del intento
insurreccional impulsado por sectores de la Unión Cívica Radical que, tras el
derrocamiento del presidente Hipólito Yrigoyen en 1930 y la posterior
asunción fraudulenta del general Agustín P. Justo, consideraron agotadas
las vías institucionales para restaurar el orden democrático.
Luego del golpe encabezado por José Félix
Uriburu, el sistema político argentino quedó signado por la proscripción
del radicalismo, la manipulación electoral y la represión sistemática de la
oposición. La elección presidencial de 1931, que consagró a Justo, fue
ampliamente denunciada como fraudulenta y terminó de consolidar un régimen cuya
legitimidad era cuestionada incluso dentro de las propias Fuerzas Armadas. En
ese contexto, hacia finales de 1933, sectores radicales —jóvenes y veteranos—
comenzaron a reorganizarse con la convicción de que solo un levantamiento
armado podía quebrar el orden impuesto.
El plan insurreccional tenía alcance nacional, pero
nunca llegó a ejecutarse de manera coordinada. Uno de sus brazos más activos
fue el denominado Comando del Litoral, que operaba en la frontera
argentino-brasileña y que tenía como objetivo ingresar al país desde Brasil,
tomar puntos estratégicos y generar un efecto contagio en otras provincias.
Dentro de ese esquema, la región de Paso de los Libres adquiría un valor clave
por su ubicación fronteriza, sus vías de comunicación y la presencia de fuerzas
militares.
Durante la madrugada del 29 de diciembre, un grupo
de insurrectos cruzó el río Uruguay desde territorio brasileño a la altura de Bonpland,
avanzando hacia Paso de los Libres. Sin embargo, las fuerzas leales al gobierno
ya estaban alertadas. La pérdida del factor sorpresa y la falta de adhesión
militar interna resultaron determinantes. El encuentro decisivo se produjo en
la zona del arroyo San Joaquín, un punto estratégico desde el punto de vista
militar, con monte, elevaciones naturales y campo abierto.
Allí, las tropas oficiales montaron una emboscada.
La columna rebelde, compuesta en gran parte por caballería, fue atraída hacia
una posición desfavorable y recibió fuego de ametralladoras emplazadas en
altura. El enfrentamiento fue breve pero intenso. Las versiones sobre el número
de bajas difieren según las fuentes: algunos registros hablan de ocho muertos,
otros elevan la cifra a doce o más entre los sublevados, mientras que del lado
de las fuerzas leales se habría producido una sola baja. También existen
testimonios que denuncian ejecuciones posteriores y mutilaciones, aunque estos
puntos continúan siendo materia de debate histórico.
A pesar del golpe recibido en San Joaquín, parte de
los insurrectos logró reorganizarse y continuar su avance hacia Paso de los
Libres. El objetivo central era la toma del edificio del Correo, donde
funcionaba el Telégrafo, considerado esencial para establecer comunicaciones
con otros focos revolucionarios del país. Sin embargo, el edificio se
encontraba defendido y el Regimiento 11 de Caballería no se plegó al
alzamiento. El intento de emplazar una ametralladora frente al Correo fracasó
tras la muerte de uno de los principales operadores del arma, lo que selló la
derrota en el frente urbano.
En paralelo, otra columna insurgente había
ingresado en Santo Tomé, donde inicialmente no encontró resistencia,
pero quedó rápidamente aislada. La falta de coordinación nacional, sumada a
problemas logísticos y a la participación de combatientes brasileños que
exigían el pago prometido, derivó en desórdenes, saqueos y la pérdida de apoyo
local, acelerando el colapso de la operación.
El saldo final del levantamiento del Comando del
Litoral fue devastador: decenas de muertos, numerosos detenidos, exiliados y el
completo desmantelamiento de la estructura insurreccional en la región. El
régimen consolidó su control y profundizó la represión, mientras que el
radicalismo ingresó en una etapa de repliegue político.
Con el paso de los años, el Combate de San
Joaquín quedó grabado en la memoria histórica de Paso de los Libres y el
sur correntino como un símbolo de resistencia frente al fraude y la
proscripción. Más allá del fracaso militar, el episodio representa uno de los
últimos intentos armados del radicalismo por restituir la democracia en un país
atravesado por la ruptura del orden constitucional.
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