El presidente de
Estados Unidos, Donald Trump, calificó al comunismo como un “cáncer”
y una amenaza para las libertades del país durante los actos oficiales por el 250º
aniversario de la Independencia estadounidense.
En sus discursos,
el mandatario sostuvo que existe un resurgimiento de la denominada “amenaza
comunista” y afirmó que Estados Unidos nunca adoptará ese sistema político.
También relacionó esas ideas con la inmigración y con recientes avances
electorales de candidatos vinculados al socialismo democrático.
La retórica generó
cuestionamientos debido a que los principales referentes progresistas del
Partido Demócrata se identifican mayormente con propuestas socialdemócratas,
como la ampliación de la cobertura sanitaria, la educación pública y la
protección sindical, y no con la abolición de la propiedad privada.
Trump sostuvo que
el comunismo representa una amenaza incluso mayor que algunos conflictos
históricos enfrentados por Estados Unidos. Sus expresiones fueron interpretadas
como parte de una estrategia para movilizar al electorado conservador ante las
próximas elecciones legislativas.
La controversia
aumentó porque días antes el mandatario había afirmado, en tono irónico, que
podría convertirse en “el mayor comunista de la historia”, antes de
volver a atacar públicamente esa ideología.
Los discursos
combinaron mensajes patrióticos, referencias al “sueño americano” y
críticas directas contra sus adversarios políticos. Diversos sectores
cuestionaron el marcado tono partidario utilizado durante una celebración
nacional.








